CENA
La luz de las velas, música de fondo, flores en la mesa y buena comida. Aparentemente era la velada perfecta. Pero no. Echaba de menos los reproches de mi madre a mi padre, las quejas de la cascarrabias de mi abuela y las salidas de tono de mi tío en estado achispado. El pasado año no debí prometer que no iba a celebrar ninguna cena de Nochebuena más con mi familia.



























